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Animales extintos: el bucardo

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Wikimedia Commons

Las imágenes de este artículo son meramente a modo ilustrativo

El bucardo es una subespecie de cabra montesa cuyo último ejemplar murió el 5 de enero del año 2000, lo que marcó la extinción de esta especie luego de muchos años de permanecer en peligro, principalmente debido a la caza excesiva.

Si bien la amenaza de extinción de esta especie proviene desde los primeros años del siglo XX y fue creciendo hacia finales del mismo (en la década de 1970 se constató que quedaban apenas 20 ejemplares), no se tomaron los recaudos suficientes a tiempo para evitar la extinción y cuando ya se intentó tomar alguna medida, como tratar de que la última hembra quedara preñada y hasta una posible clonación, esto no resultó y, finalmente, se produjo la extinción. Ahora vamos a ver algunos detalles sobre el bucardo y su extinción.

La caza del bucardo

El bucardo habitó históricamente la región de los Pirineos, extendiéndose sobre todo por las zonas montañosas del lado sur de la frontera entre Francia y España. Se diferenciaba de otras especies principalmente por su pelo más largo y denso en invierno, y el macho por rayas de color negro sobre la piel de la espalda y las patas. Además, la base de los cuernos era mucho más gruesa, tanto en machos como en hembras, y más larga que las de otras subespecies.

Se ha comprobado mediante algunas pinturas rupestres que la caza de este animal era muy común desde tiempos prehistóricos, pero fue a partir de los siglos XVIII y XIX que la caza del bucardo se volvió una práctica muy extendida entre cazadores europeos, que apreciaban esta especie por su singularidad y principalmente por el gran tamaño de su cornamenta.

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iStockphoto/Thinkstock

Esta caza furtiva y excesiva determinó que a principios del siglo XX la especie estuviera totalmente extinguida en Francia y sólo quedaran poco más de 50 ejemplares en España. Durante este siglo se empezó a tomar conciencia del peligro de extinción que amenazaba a esta especie, pero las medidas para tratar de evitarlo se demoraron y la combinación de algunos vestigios de la caza del animal que se mantuvieron, con algunos factores medioambientales como los desprendimientos de tierra en la región que habitaban, hicieron que la especie se fuera reduciendo a paso cada vez más acelerado.

Extinción del bucardo

En 1973 se intentó la protección estatal de la especie convirtiendo la región de Ordesa, única región donde habitaba, en parque nacional, pero no fue suficiente. En el año 1993 sólo quedaban 10 ejemplares. En 1996 se intentó un plan de conservación que consistía en criar una hembra en cautiverio y posteriormente soltarla entre los animales para que quedara preñada, pero esta hembra murió sin llegar a reproducirse.

Las últimas medidas que se tomaron para tratar de salvar la especie fue en el año 1999, cuando sólo quedaba el último ejemplar de la especie, una hembra llamada Celia. En esta oportunidad, algunos investigadores apoyados por el gobierno local extrajeron tejidos de la oreja de este último ejemplar para mantener un registro de ADN que permitiera una clonación en un futuro. A principios del año siguiente Celia fue encontrada muerta debajo de un árbol caído, lo que hizo suponer que murió a consecuencia de un golpe.

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iStockphoto/Thinkstock

De todas maneras, ya sin ejemplares vivos, se han intentado algunos experimentos de clonación: en el año 2009, se pudo completar el proceso de gestación completa mediante la implantación de un embrión en una cabra, y llegó a nacer una hembra de bucardo, aunque murió a los pocos minutos por problemas pulmonares. Si bien este intento fracasó, permite mantener ciertas esperanzas para futuras clonaciones, aunque, por otra parte y como suele suceder respecto a estos temas, hay también muchas posiciones contrarias a la clonación.

El debate generado en torno a la clonación es muy importante, ya que la posibilidad de clonar una especie extinguida no debe hacernos olvidar que, en primer lugar, la extinción del bucardo fue causada enteramente por la acción y omisión del hombre, y una clonación exitosa podría generar la desvalorización (aún más) de las especies conservadas in situ.