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Aspirina: ¿beneficiosa o perjudicial?

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iStockphoto/Thinkstock

Mucha gente considera la aspirina una suerte de panacea, cada vez que tienen algún malestar físico acuden a dicho medicamento sin pensarlo dos veces. Este, al parecer, se ha granjeado admiradores en todos lados del mundo, de modo que puede considerársele un remedio universal. Valdría la pena conocer qué es la aspirina y cuál ha sido su historia, para luego entender su verdadera importancia y las contraindicaciones de su abuso.

La aspirina es un compuesto químico llamado ácido acetilsalicílico. Está hecha a base de ácido salicílico, parte integrante del metabolismo del hombre y los animales, que se encuentra en la corteza de los sauces. En la antigüedad, incluyendo griegos y nativos americanos, fue empleado para contrarrestar las fiebres y los dolores del cuerpo. A finales del siglo XIX, se logró sintetizar el acetileno derivado del ácido salicílico.

Desde entonces el compuesto es la elección primera a la hora de aliviar dolores de suaves a moderados, para bajar la fiebre y para reducir las inflamaciones que causan las artritis. Puede decirse que es una droga muy efectiva, y se considera mejor analgésico que la codeína.

Sin embargo, algo que no siempre saben las personas es que la aspirina provoca sangramientos intestinales insignificantes que al pasar el tiempo pueden causar deficiencias de hierro. Además, al tener una base ácida, este medicamento irrita las paredes del estómago, de modo que un uso continuado puede ocasionar que se desarrollen úlceras gástricas. Existe una manera de contrarrestar los efectos colaterales: tomando píldoras recubiertas, ya que esta protección evita que se disuelvan antes de alcanzar el intestino.

La aspirina no debe ser suministrada a los niños cuando tienen varicela o algún tipo de influenza porque incrementa los riesgos de contraer una rara enfermedad —fatal frecuentemente— llamada Síndrome de Reyes, que ataca el cerebro y los órganos abdominales.

Por otra parte, se cree que la aspirina interfiere con la síntesis de prostaglandina, asociada a fiebres e inflamaciones corporales. Estudios sobre la actividad anticoagulante de la aspirina sugieren que su uso regular puede reducir los riesgos de infarto y apoplejía en algunas personas.