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El Sol: el astro más interesante del Sistema Solar

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Como ocurre con muchos sistemas espaciales, el nuestro se compone de una estrella central alrededor de la cual orbita un número de planetas con sus satélites, asteroides y meteoritos. Dicha estrella ―a la que solemos llamar Sol― resulta tan masiva que su efecto gravitacional le agencia el dominio del Sistema Solar. Una consecuencia directa de esta dependencia es la vida en el tercer planeta: la Tierra.

En efecto, podemos decir sin temor a equivocarnos que las radiaciones electromagnéticas del Sol suministran toda la energía que soporta la vida terrestre, y es él quien dirige el clima y los cambios de estaciones de nuestro planeta. El hecho fue notado por el ser humano desde tiempos ancestrales, de modo tal que muchas culturas lo deificaron y construyeron templos y mitos en su honor.

Un acercamiento virtual al Solnos permite observar que, además de ser esférico, tiene una composición de plasma y campos magnéticos. Tres cuartas partes de su masa están constituidas de hidrógeno y el resto prácticamente de helio. Las radiaciones energéticas se mantienen constantes y son emitidas en su centro, donde se alcanzan temperaturas y densidad muy elevadas. La fusión nuclear se extiende hasta la superficie transportada por mezclas de gases. Esta turbulencia provoca zonas irregulares de más de 2000 km de amplitud, que le dan al Sol su apariencia moteada.

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Rodeando al astro rey, puede divisarse una corona: su capa atmosférica más externa, cuya estructura está formada de arcos de gas generados por los campos magnéticos. Se ha descubierto que esta parte del Sol es más caliente que la propia superficie. Parece existir una retroalimentación a esta zona que le permite mantener su alta temperatura; sin embargo, el mecanismo ejercido aún se desconoce.

En la zona coronal más alejada el campo magnético es bajo, así pues se expulsan gases y material diverso hacia el espacio exterior del Sistema Solar. Esto es llamado ‘viento solar’, lo que en ocasiones produce perturbaciones que pueden ser detectadas por los campos magnéticos terrestres. Según los expertos, se estima que cuando ocurren estas explosiones, la energía desprendida se tarda cuatro días en llegar a la Tierra.

Estas y otras anomalías son parte del conjunto de interrogantes sobre el comportamiento solar, que continúan siendo inexplicables para la ciencia. No obstante, vale la pena conocer hasta dónde se ha llegado en el estudio científico de esta interesante y útil estrella.

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