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Grandes científicos: Hipócrates

[[{"fid":"100397","view_mode":"default","type":"media","link_text":null,"attributes":{"class":"media-element file-default"}}]] Escultura de Hipócrates.

He estado en falta en esta columna de Grandes científicos en no incluir en ella a ningún personaje de una de las edades más bonitas y pintorescas que ha tenido la historia de la ciencia. Si han seguido martes a martes la publicación, habrán visto que ninguno de los científicos famosos griegos ha estado presente en ella, y este 3 de agosto he decidido homenajear a uno de los más prominentes exponentes de la ciencia de este período: Hipócrates.

Hipócrates de Cos fue uno de los más grandes científicos que dio la prolífica Antigua Grecia, a la altura del famoso trinomio de Sócrates, Aristóteles y Platón. Se le adjudica la fundación de la medicina como disciplina científica independiente y apartada de la filosofía, y las escuelas medicinales de todo el mundo occidental derivan de él y nada más que de él.

Hipócrates nació en el 460 a.C. en Tesalia, y falleció en el 370 a. C. Nació en la isla griega de Cos, y por lo que se sabe ejerció la medicina como profesión y dictando clases a sus alumnos. Hay básicamente tres historiadores de este personaje: Sorano de Éfeso, Aristóteles y Juan Tzetzes. Entre ellos la información es un tanto contradictoria, pero igualmente hay algunos hechos en los cuales sus relatos coinciden.

Por ejemplo, en cuanto a la biografía de Hipócrates podemos destacar que su padre se llamaba Heráclides y su madre Praxítela. Hipócrates tuvo dos hijos, Tésalo y Draco, y una hija cuyo nombre no se conoce. Se cree que aprendió medicina de su abuelo, y estudió además filosofía, siendo discílpulo del médico Heródico de Selimbria.

Pero más allá de sus datos biográficos, ¿cuál fue la contribución real de Hipócrates a la medicina? En primer lugar y antes que nada, una actitud crítica que renegó de todas las curaciones mágicas y supersticiosas que rodeaban tradicionalmente a esta práctica. Por supuesto, con un concepto de Ciencia divergente al que adoptamos hoy, Hipócrates destacó por la separación de la práctica médica de otras áreas del conocimiento y prácticas no-científicas.

Además la separó de la religión, y el pensamiento Hipocrático se basó en un fundamento directo a partir del cual aprender sobre el hombre: su anatomía. Hipócrates fue un gran anatomista, y si bien los griegos tenían un tabú ante la disección de cadáveres, lo cierto es que este personaje aprendió bastante a pesar de ello.

[[{"fid":"100398","view_mode":"default","type":"media","link_text":null,"attributes":{"class":"media-element file-default"}}]] Representación de Hipócrates.

El pensamiento hipocrático

La concepción de la medicina de este médico griego era similar a lo que podemos entender hoy como naturopatía, pues más allá de el suministro de productos naturales (que Hipócrates prefería evitar), su objetivo era dejar que el organismo mismo sanara las enfermedades. Por ello, el reposo y el descanso eran claves en el tratamiento, y las curaciones se realizaban en pos de acelerar el proceso natural de sanación del organismo.

Según Hipócrates y su escuela, la enfermedad se desarrollaba por un desequilibrio de los 'cuatro humores' del cuerpo. Estos eran unos fluidos que se presentaban de forma proporcionada en los organismos saludables, pero lo contrario ocurría en casos de enfermedad. Estos eran la sangre, la bilis negra, la bilis amarilla y la flema, y estaban directamente relacionados con características personales del individuo.

Cuando se desequilibraba uno de los cuatro humores se hacía presente la enfermedad, y el objetivo de los hipocráticos era restaurar el equilibrio original llevando a cabo ciertos tratamientos para re-equilibrar los niveles.

La práctica de Hipócrates

Más allá de su revolucionario pensamiento, este médico sentó precedente en la práctica misma de la medicina. Según Hipócrates el médico debía ser un profesional estricto y riguroso. La limpieza y pulcritud eran fundamentales, y en cuanto a su personalidad la honestidad y seriedad iban ante todo. La documentación de los diagnósticos clínicos era otro elemento fundamental de la práctica, pues así otros médicos podían aprender de la experiencia propia.

Uno de los principales aportes de Hipócrates fue el famoso Juramento Hipocrático, documento esencial que forma parte del folklore de la disciplina médica.

El Juramento Hipocrático

Si bien hay quienes le niegan su autoría, es de consenso que Hipócrates fue quien lo redacto, y forma parte del Corpus Hipocrático, un conjunto de cincuenta escritos médicos de unas mil páginas. Este también se atribuye en su totalidad a Hipócrates, pero es posible que otros médicos de la escuela hipocrática hayan aportado a él.

Dejamos el texto completo del juramento a continuación:

Juro por Apolo el Médico y Esculapio y por Higía y Panacea y por todos los dioses y diosas, poniéndolos de jueces, que éste mi juramento será cumplido hasta donde tenga poder y discernimiento. A aquel quien me enseñó este arte, le estimaré lo mismo que a mis padres; él participará de mi mantenimiento y si lo desea participará de mis bienes. Consideraré su descendencia como mis hermanos, enseñándoles este arte sin cobrarles nada, si ellos desean aprenderlo.

Instruiré por precepto, por discurso y en todas las otras formas, a mis hijos, a los hijos del que me enseñó a mí y a los discípulos unidos por juramento y estipulación, de acuerdo con la ley médica, y no a otras personas.

Llevaré adelante ese régimen, el cual de acuerdo con mi poder y discernimiento será en beneficio de los enfermos y les apartará del perjuicio y el terror. A nadie daré una droga mortal aun cuando me sea solicitada, ni daré consejo con este fin. De la misma manera, no daré a ninguna mujer pesarios abortivos. Pasaré mi vida y ejerceré mi arte en la inocencia y en la pureza.

No cortaré a nadie ni siquiera a los calculosos, dejando el camino a los que trabajan en esa práctica. A cualesquier casa que entre, iré por el beneficio de los enfermos, absteniéndome de todo error voluntario y corrupción, y de lascivia con las mujeres u hombres libres o esclavos.

Guardaré silencio sobre todo aquello que en mi profesión, o fuera de ella, oiga o vea en la vida de los hombres que no deban ser públicos, manteniendo estas cosas de manera que no se pueda hablar de ellas.

Ahora, si cumplo este juramento y no lo quebranto, que los frutos de la vida y el arte sean míos, que sea siempre honrado por todos los hombres y que lo contrario me ocurra si lo quebranto y soy perjuro.

Este es el juramento moderno, adaptado a la vida medicinal de hoy en 1948, el que todos los médicos pronuncian al comenzar a ejercer su profesión.

[[{"fid":"100399","view_mode":"default","type":"media","link_text":null,"attributes":{"class":"media-element file-default"}}]] Juramento Hipocrático en cruz. Museo del Vaticano.

Indudablemente Hipócrates fue uno de los científicos más destacados de toda la historia, y como gran científico griego dejó un legado impresionante en los tiempos posteriores a su muerte. Casi la totalidad de la medicina convencional como la conocemos hoy se la debemos a él, y a pesar del cambio de los tiempos y las épocas, seguimos aferrados a muchos de sus preceptos.