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Charles Darwin, el narigón

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Daniel Wrench - RF - Thinkstock

Robert  Fitzroy, estudioso de la fisonomía humana y capitán del bergantín HMS Beagle, estuvo a punto de rechazar a Charles Darwin en su tripulación por la forma de su nariz.

Fitzroy dudaba de que una persona con un apéndice nasal tan ancho y aplastado pudiera tener un carácter aventurero y soportar una travesía marítima tan larga.

Al final el Capitán Fitzroy dejó de lado semejante prejuicio y aceptó al joven Darwin. Menos mal ya que dicho viaje le permitió desarrollar al naturista la teoría que sostiene que los seres vivos tienen un origen común y que la diversidad de las especies son el resultado de la acción de la selección natural a lo largo de millones de años.

Con sus modificaciones, los descubrimientos científicos de Darwin aún siguen siendo el acta fundacional de la biología como ciencia, puesto que constituyen una explicación lógica que unifica las observaciones sobre la diversidad de la vida.

El segundo viaje del HMS Beagle consolidó su fama como eminente geólogo, cuyas observaciones y teorías apoyaban las ideas uniformistas de Charles Lyell, mientras que la publicación del diario de su viaje lo hizo célebre como escritor popular.

Intrigado por la distribución geográfica de la vida salvaje y por los fósiles que recolectó en su periplo se dedicó a investigar sobre el hecho de la transmutación de las especies y concibió su teoría de la selección natural en 1838.

Su obra fundamental, El origen de las especies, publicada en 1859, estableció que la explicación de la diversidad que se observa en la naturaleza se debe a las modificaciones acumuladas por la evolución a lo largo de las sucesivas generaciones.