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Conociendo el proceso evolutivo del lenguaje

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iStockphoto/Thinkstock

Mientras lees estas líneas, durante una conversación telefónica, mientras cantas en la ducha, al ver una película de noche... Bueno, en todo tipo de situaciones estás utilizando el lenguaje. De hecho, el cerebro procesa 370 millones de palabras promedialmente para una persona a lo largo de toda su vida, y un adulto pronuncia diariamente unas 15000 palabras.

Todo esto tiene un origen. Obviamente, nunca podremos conocer a los dos primeros parlantes (que además nunca existieron como parlantes propiamente dicho) El origen del lenguaje es remoto y complejo, y desde el presente sólo podemos aproximarnos a él de forma tentativa y experimental. En ello se ha embarcado Simon Kirby, profesor de la Universidad de Edimburgo, quien ha realizado un interesante experimento para conocer la evolución del lenguaje.

Kirby asignó aleatoriamente nombres neológicos a determinadas frutas, y luego se las mostró a un grupo de voluntarios a los que les pidió que recordaran los nombres. Un tiempo más tarde les pidió a ellos que nombraran las frutas, ensayo en el que obviamente cometieron un sinnúmero de errores.

Luego trabajó con otro grupo de voluntarios, que trabajaron con los nombres asignados a las frutas por los voluntarios anteriores. El siguiente grupo trabajó con los nombres creados por el segundo grupo, y así sucesivamente hasta haber terminado nueve experimentos.

A la novena generación resultó que el lenguaje ya tenía ciertas reglas (no necesariamente lógicas), que fueron surgiendo a medida que este neo-lenguaje fue tomando forma a ensayo y error.

Kirby observa con esto la lógica viva del lenguaje. La evolución del lenguaje se da de forma intermitente, sin lineamientos y no tan regida por la pauta de selección natural. Aprendemos el lenguaje sólo con el tiempo, y este está en constante movimiento. Este experimento no prueba nada por sí mismo, pero sirve para ver en acción buena parte de los fundamentos de la teoría de la evolución del lenguaje.