pop

Revivimos a Fantomas, La Amenaza Elegante, ¿lo recuerdas?

Hay que tomar en cuenta que si bien el cómic latinoamericano se ha beneficiado de algunas historias, obvio que estas llega desde otras regiones, pero también se puede decir que según la época y el talento de alguno autores, latinoamérica ha enriquecido algunas, esta es la reseña que marca el recuerdo de una de esas obras que mando a una generación hacia el mundo de lo sofisticado y elegante gracias al aporte latinoamericano.

Iniciamos en las calles de París

A principio del siglo XX, más concretamente en 1911, el crítico literario Pierre Souvestre y su asistente Marcel Alllain, según cuenta el mito, son contactados por el editor del diario francés Le SoleilArtheme Fayard, quien comisiona, Souvestre y a su secretario para encargarse de la creación de una serie de 5 novelas cortas para ser impresas en formato Pulp (novelas cortas y/o ligeras).

Sabemos que París es una ciudad inspiradora, y es así que cuando Souvestre y Alllain viajaban en el metro se les ocurre un nombre “Fantomus”, que resulta ser una desambiguación de fantasmagórico en francés. Luego se lo envían al editor, este lo lee mal gracias a un error y listo nace Fan-to-mas: era místico, elegante, soberbio, y todo lo que un editor dice cuando lee algo que le gusta (e imagínense como será en Francia).

Dando la forma

De esta manera se escriben las novelas de Fantomas, al cual se le conoció con el nombre de Archiduque Juan North, de el principado alemán de Heisse-Weimar, el cual mostraba una personalidad, adivinen: de un despiadado sociópata que disfruta de matar, sin lealtad para nadie, y que se jacta a sí mismo de eso (si lo sabemos, eso no es nada elegante).

Durante 32 meses, se publicaron sus aventuras, hasta la muerte de Souvestre, en 1914. Doce años después, en 1925, Allain resucita a su creación en 34 números, entre los años 1933 al 1938.

Llegada a latinoamérica

Su primera incursión en latinoamérica se dio en 1934 en la Revista mexicana dedicada al Cuento (o sea Pulp), llamada “Paquin”. En el número 103 de su título regular “Tesoro de cuentos clásicos” de Editorial Novaro en Marzo de 1966 fue publicado el primer cómic de Fantomas, siendo este una adaptación gráfica de las novelas de Souvestre y Allain.

La primera representación gráfica que se le dio al personaje, era muy diferente con la cual se le conoció, en sus orígenes vestía un frac negro, un sombrero de copa, un bastón y un antifaz llamado mascara domino la cual cubría toda su cara.

Tal y como aconteció era una adaptación que reflejaba la primera personalidad del personaje, pero con el paso del tiempo se fue aligerando el argumento para quitar al personaje de su malevolencia. Así nació un personaje mucho más fino, sofisticado e inteligente.

Después de 33 números como invitado en la publicación, se ganó su propio título, siendo publicado independientemente.

El nuevo Fantomas para latinoamérica

Desde ahora se le debía dar identidad propia como si este personaje debiera renacer, gracias al italiano Gino Starace se diseña a Fantomas más peculiar, ahora usa una máscara blanca, inspirada en un personaje italiano llamado Diabolik, y también siguiendo la tradición de los luchadores mexicanos, y se lo llena de Spandex (cuando no).

El nuevo Fantomas es un atleta, artista marcial, amante de las artes, protector de la naturaleza, capaz de manejar todo vehículo existente sobre la superficie terrestre, no hay habilidad física que no sea de su total dominio, y de seguro, ninguna intelectual, artística y/o espiritual que también no sea parte de su yo, y como un plus millonario y con el estigma de Robín Hood (además de ser genio, millonario, playboy, filántropo uff….).

El legado

Como dijimos al inicio de este artículo cuando hablamos de enriquecernos de la creatividad de historias, el caso de Fantomas en latinoamérica fue lo contrario, ya que si bien lo escritores y artistas, que se encargaron de la serie, se basaron en el personaje francés de inicios de siglo, también lo hicieron suyo volviendo a este tan icónico para una generación que se volvió un ídolo.

No hay como juzgar la historia detrás de esa mascara blanca o las hazañas en las viñetas, solo hay una forma de restablecer su existencia y eso es recordando la misma como una más de las muchas que aguardaban a los niños y adultos de esa época en las vitrinas de los quioscos.

Es posible que muchos no lo conozcan por el desfase generacional, pero tengan por seguro que después de leer esto, tendrá algo de qué hablar con sus padres o abuelos, y aseguramos que una que otra mamá también.

¿Leíste Fantomas? ¿Después de una expedición arqueológica al ático de tu abuelo encontraste tal vez algún número?¿Te gustó?