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Un día llovió tanto que la Ciudad de México quedó inundada por cinco años

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M. Casasola y J. Guzmán/ Fotográficamx Vía Twitter

Si creen que ha llovido mucho últimamente en la capital, esperen a conocer esta historia: la Ciudad de México estuvo inundada durante cinco años (sí, ¡CINCO!) gracias a una tormenta que duró 36 horas sin cesar.

Todos se remota al 20 de septiembre de 1629 en la entonces llamada Gran Tenochtitlán, era un día soleado como cualquier otro en el Valle de México, cuando de pronto las nubes se tornaron negras, durante toda la noche se escucharon rayos y truenos, daban aviso a una gran tormenta. 

Durante 36 horas continuas la lluvia cayó sobre la capital de la Nueva España, e inundó irremediablemente a toda la ciudad, de los 20 mil habitantes que la ocupaban, sólo quedaron 400.

El julio anterior a la tromba, comenzó la temporada de lluvias con una intensidad inusual. Los niveles del lago de Texcoco y la laguna de México crecieron y con ello se acercaba un panorama desolador: en las afueras de la ciudad, el agua avanzaba lentamente sobre las calles, cada vez más hacia lo que ahora es el Centro Histórico.

Llegó septiembre con él, el momento más crítico de la temporada de lluvias, la capital quedó completamente inundada.

El nivel del agua era tal, que quienes lograron sobrevivir se transportaron en canoas, además construyeron puentes que utilizaban para cruzar de balcón a balcón. No había otra forma de ingresar a las casas que desde las ventanas del segundo piso.

Sólo quedó seca una pequeña parte de Tlatelolco y otra de la Plaza Mayor. "La isla de los perros" era el espacio que se formó entre el Palacio Virreinal y La Catedral, ahí cientos de perros se refugiaron de la tormenta que duró 36 horas.

Pero esta tragedia no fue solamente una consecuencia de la naturaleza, desde que Hernán Cortés y su pueblo llegaron a la Gran Tenochtitlán, instauraron un modelo europeo para construir sobre ella palacios, templos, conventos y hospitales.

El modelo de ciudad europea incluía una gran deforestación del Valle de México. Talar tantos árboles, obviamente causó un desequilibrio ambiental causando constantes inundaciones que deterioraron la Gran Tenochtitlán durante años.

Además, la ignorancia y la falta de planificación de las entonces autoridades de la ciudad provocaron que la tormenta tuviera consecuencias graves.

El ingeniero Enrico Martínez, líder de la construcción de desagüe en la capital, tomó la decisión de cerrar la entrada del canal de Huehuetoca para evitar que con las constantes lluvias subiera el agua y eso destruyera las reparaciones que, por orden del virrey, se estaban realizando.

Gravísimo error, el 21 de septiembre, día de San Mateo, la tormenta causó que las aguas provenientes de los montes bajaran a mucha velocidad, sin que ningún canal las detuviera. En los barrios, las frágiles casas de los mexicas se deshicieron. Según el arzobispo Francisco de Manso y Zúñiga, durante la crecida murieron treinta mil de ellos.

El panorama era realmente devastador, el agua llegaba hasta los balcones de los pisos más altos de las casas, había miles de cadáveres de personas y animales flotando junto a escombros, restos de casas, árboles y carruajes.

Para algunos, esta tormenta fue un castigo de los dioses por los excesos de los españoles. Para otros, Tláloc, el dios de la lluvia, lloraba sobre México por la derrota en 1521.

Incluso el entonces rey Felipe IV ordenó abandonar la ciudad y fundarla nuevamente esta vez en entre Tacuba y Tacubaya. Sin embargo los sobrevivientes a la tromba se rehusaron a trasladarse. Argumentaron que salía más caro crear otra ciudad que esperar a que la ya arruinada se secara.

Para prueba de esta tromba que prácticamente fue como un Apocalipsis, en la esquina de Madero y Motolinía, en el Centro Histórico, se encuentra empotrada una figura peculiar.

Se trata de una especie de máscara con forma de algún felino, está colocada a dos metros de altura aproximadamente y según la leyenda narrada por Salvador Novo, aquella piedra fue empotrada en ese sitio para recordar el nivel que alcanzó el agua el día que se desató la tromba de San Mateo, la peor tragedia en la historia de la ciudad.

motolinia madero mascaron
Google Maps

Esta historia se encuentra en el texto Ciudad, sueño y memoria (Gobierno del Distrito Federal—ediciones cal y arena), escrito por Hector de Mauleón y Rafael Pérez Gay, dos de los cronistas más importantes de la actualidad.

¿Increíble, cierto?

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