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El Síndrome de Estocolmo es una farsa: la historia detrás es terrible y poco conocida

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El síndrome de Estocolmo es un trastorno psicológico muy popular. Series y películas se han encargado de mostrarnos rehenes y secuestradores enamorados.

Por ejemplo, La Casa de Papel explotó esta reacción psicológica con Mónica, rehén del grupo, quien abraza el nombre de Estocolmo una vez que termina el robo al Banco de España.

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Antena 3 Televisión / Vancouver Media / Atresmedia Televisión / Netflix

El síndrome de Estocolmo no sólo es inspiración de Hollywood, sino también es constantemente utilizado en reportes policiacos y análisis psicológicos de la vida real que hacen uso de este término para definir el fenómeno en el que se crea un vínculo afectivo entre los rehenes (principalmente mujeres) y sus captores.

No obstante, esta reacción psicológica esconde una triste verdad en su origen, que se remonta a la Suecia de 1973. El responsable es Nils Bejerot.

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El origen del síndrome de Estocolmo

El 23 de agosto de 1973, Jan Olsson entró a un banco en Estocolmo, Suecia, disparó su arma al techo, gritó que la fiesta acababa de empezar. Tomó a Birgitta Lundblad, Elisabeth Oldgren, Kristin Ehnmark y Sven Safstrom como rehenes en su intento de poner a su merced a la policía y hacerla cumplir sus demandas, entre ellas, la liberación de su amigo y criminal Clark Olofsson, quien poco después llegó a la escena del crimen y tomó el mando del robo.

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Dentro del banco, los rehenes experimentaron un buen trato por parte de sus captores. A la larga ocasionó que tuvieran una mayor confianza en ellos que en la misma policía.

Después de seis días de secuestro, los civiles fueron liberados y sorprendieron a la policía y al mundo en general cuando mostraron cierta afinidad por Olofsson y Olsson. En especial Kristin Ehnmark, quien durante el secuestro le solicitó al Primer Ministro que los dejara huir a ella y los demás rehenes junto con los criminales.

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Esta situación llevó al psiquiatra Nils Bejerot a utilizar por primera vez el término de síndrome de Estocolmo para definir el vínculo afectivo que se crea entre víctimas y victimarios.

Sin embargo, Jess Hill, autora y experta en periodismo de investigación reveló en su libroSee What You Made Me Do que en realidad la creación de este término carece de rigurosidad, debido a que Nils jamás habló ni trató a Kristin Ehnmark.

El Síndrome de Estocolmo, patología dudosa sin criterios de diagnóstico, está plagado de misoginia y está fundado en una mentira.
mujer secuestro sindrome de estocolmo
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De acuerdo con la autora, Nils en ningún momento se molestó en hablar con Kristin, primera mujer diagnosticada con el famoso síndrome. Ni siguiera cuando ella solicitó hablar directamente con él; Nils era el psiquiatra asignado para la negociación durante el secuestro y robo del banco cuando ella era rehen.

Toda esta situación provocó que Kristin sintiera que a la policía no le importaba realmente la vida de ella ni de lo demás rehenes, e incluso no tuvo problema de declararlo en una entrevista con una estación de radio.

La policía está jugando con nuestras vidas y ni siquiera quieren hablar conmigo, la persona que va a morir si algo pasa.
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Bennian

Mientras Kristin sentía el desinterés de las autoridades, también experimentó ciertos cuidados y atenciones por parte de sus captores, en especial por Clark Olofsson, quien le aseguró en repetidas ocasiones que nada malo le iba a suceder.

Al final, la policía logró neutralizar a los secuestradores y liberar a los rehenes. No obstante, la experiencia previa ya había dejado una huella en Kristin, quien no tuvo temor de mostrar su disgusto en contra de la policía y el psiquiatra Nils Bejerot.

policia en japon uniforme
Roaming Freeman/Shutterstock

La respuesta del médico ante las declaraciones de Kristin en ningún momento estuvo inclinada en generar un diálogo con ella, más bien prefirió juzgarla y decirle al mundo que lo que ella padecía era 'síndrome de Norrmalmstorg' (después renombrado como síndrome de Estocolmo) y que su miedo a la policía era una reacción irracional provocada por el apego emocional o sexual que Kristin desarrolló hacia sus captores. Todo estas conclusiones, sin siquiera haber hablado o tratado a Kristin.

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Dmytro Zinkevych/Shutterstock

A pesar de ser utilizado libremente por los medios, el síndrome de Estocolmo realmente no está reconocido por los dos manuales más importantes de psiquiatría: el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales y la Clasificación internacional de enfermedades.

Además, de acuerdo con una de las fuentes de la investigación de Jess Hill, la creación de este síndrome está sesgada por el ímpetu del psiquiatra Nils en acallar la voz de una mujer que intentó cuestionar su autoridad.

«Es un mito inventado para desacreditar a las mujeres víctimas de violencia por un psiquiatra con un evidente conflicto de intereses, cuyo primer instinto fue silenciar a la mujer que cuestionaba su autoridad».

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