El escándalo de los aviones Boeing 737 y las dos trágicas caídas. ¿Qué sucedió realmente?

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En octubre de 2018, el vuelo 310 de Lion Air se estrelló en el Mar de Java, 13 minutos después de haber despegado del Aeropuerto Internacional de Yakarta. Menos de cinco meses después, el vuelo 302 de Ethiopian Airlines se estrelló a 6 minutos de despegar desde Addis Ababa en Etiopía.

En ninguno de los accidentes hubo sobrevivientes. Murieron 346 personas en total.

Las características similares de las dos tragedias no demoraron en vincular ambos vuelos y centrarse especialmente en el modelo de avión, que era el mismo: un Boeing 737 MAX 8.

Eran dos aviones nuevos y en aparentes perfectas condiciones.

Las investigaciones para determinar las causas de los accidentes están en curso, así que todavía no hay datos concluyentes, pero ya casi todas las aerolíneas comerciales y las autoridades de varios países han ordenado la suspensión de los vuelos del Boeing 737 MAX.

¿Qué ocasionó las tragedias? ¿Se podrían haber evitado?

Una competencia comercial

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En 2010 la compañía Airbus, principal competidora de Boeing, lanzó la línea Airbus 320neo, que con nuevos motores más eficientes disminuyó el gasto de combustible de sus aeronaves.

American Airlines compró 460 aviones nuevos (una compra récord y un acuerdo que valió 38 millones de dólares), pero más de la mitad eran del nuevo modelo de Airbus, lo que rompió el antiguo monopolio que Boeing tenía con la aerolínea.

Boeing se comprometió a entregar a American Airlines 100 aviones con un nuevo diseño y un nuevo motor, de modo de igualar la eficiencia comprobada de los Airbus 320neo.

Aunque la intención inicial de Boeing fue diseñar todo un nuevo modelo, finalmente optaron por una opción más conservadora: mantuvieron el diseño conocido y seguro del 737 pero con cambios y mejoras estructurales que apuntaban a mejorar la eficiencia.

Esta fue la línea 737 MAX.

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Pero seguían teniendo problemas: la línea Airbus 320neo tenía una reducción de 15% en el consumo de combustible, y las primeras versiones del 737 MAX apenas alcanzó una reducción de entre 10% y 12%.

Así que siguieron realizando cambios estructurales, modificaciones en la cola, en los motores, en el tren aterrizaje y las alas.

Los cambios fueron tantos que algunos expertos consideraron que había que volver a certificar el avión desde cero. Boeing contrarrestó diciendo que era el mismo 737 que hacían desde hace 50 años; una nueva certificación desde cero lleva mucho más tiempo y perdían ventaja frente a su competidor (además implica crear simuladores para entrenar pilotos, un costo adicional).

Finalmente no hubo nueva certificación. La presión del mercado fue mayor.

Problemas en el diseño

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Para alcanzar esta anhelada eficiencia y el ahorro de combustible, los motores del Boeing 737 MAX están ubicados más arriba y más adelante que los de los viejos 737.

Esto afectó la dinámica del avión (cambió el centro de gravedad) y creó problemas de estabilidad cuando aumenta el ángulo de ataque (el ángulo entre el ala y la dirección del aire).

En otras palabras: la nariz del avión podía levantarse demasiado, con lo que la nave pierde velocidad y puede conducir a la llamada «entrada en pérdida» (stall) y la pérdida de sustentación. Es decir: la posible caída del avión.

Para corregir esto, Boeing implementó un sistema «inteligente» llamado MCAS por sus siglas en inglés (Maneuvering Characteristics Augmentation System). Fue peor el remedio que la enfermedad.

Cuando los sensores que miden el ángulo de ataque del avión indican que la nariz se está levantando, el MCAS actúa de manera automática, bajando la nariz.

El problema es que si uno de estos sensores falla, el MCAS de todas maneras interviene, interpretando que el avión necesita ser estabilizado y bajando insistentemente la nariz cada 10 segundos, aunque no sea necesario, y a pesar de los comandos manuales contrarios del piloto.

En un punto el MCAS baja tanto la nariz del avión que este comienza una caída en picada. Esta, según se conjeturó poco después, fue la causa del primer accidente, el del vuelo 610 de Lion Air (aunque las causas podrían ser más complejas; las conclusiones definitivas se sabrán a mediados de este año, cuando finalice la investigación).

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Los pilotos no habían recibido el entrenamiento necesario para lidiar con esta situación.

Tras aquel primer accidente, pilotos de American Airlines y de Southwest dijeron que no les habían informado sobre el nuevo sistema de control automático, y que no se había incluido en los manuales. Las aerolíneas justificaron la omisión diciendo que el MCAS era un sistema que actuaba solamente en situaciones de emergencia, y que los pilotos «nunca van a tener que lidiar con él» en un vuelo normal.

Tras ese accidente, Boeing insistió en que el avión era seguro, a pesar de todas las dudas que generaba el nuevo sistema inteligente. Hacía falta otro accidente (y 157 víctimas fatales más).

Ya antes de la segunda catástrofe, un antiguo ingeniero de controles de vuelo de Boeing, Peter Lemme, había considerado que el MCAS tenía una grave falla desde su diseño.

«Que el comando indique automáticamente bajar la nariz del avión es preocupante» aseguró, «pero que este mecanismo se active con algo tan pequeño como un error en un sensor es increíble».

Tras el segundo accidente

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China fue el primer país en determinar de manera oficial la suspensión de todos los vuelos del avión Boeing 737 MAX, después del accidente del vuelo 302 de Ethiopian Airlines.

En Estados Unidos, la FAA insistió que el avión era seguro y también las aerolíneas American y Southwest ratificaron su confianza absoluta en la aeronave y anunciaron que no estaba en sus planes suspender sus vuelos.

Boeing, naturalmente, también reafirmó la seguridad del avión, aunque prometieron trabajar en una «mejora en el software» para hacer «un avión que ya es seguro todavía más seguro». Daba para desconfiar.

Varios países y aerolíneas de todo el mundo tomaron la precaución de suspender los vuelos de los aviones Boeing 737 MAX, hasta que finalmente la FAA y el gobierno de Donald Trump se plegaron a la medida, tres días después del accidente.

El asunto ha causado, como es habitual en los Estados Unidos en los últimos tiempos, una fuerte batalla política.

La senadora demócrata Elizabeth Warren acusó a Trump de proteger a Boeing y en el medio se mezclaron los negocios que el gobierno tiene con la compañía, que involucran ventas de aviones a Arabia Saudita.

Ahora Donald Trump ha dicho que suspender los vuelos fue una «importante decisión» y dijo que era necesario este camino de «prevención», y luego elogió a Boeing diciendo que era «una de las compañías verdaderamente grandiosas en el mundo».

Desafortunadamente para Trump, las acciones de esta grandiosa compañía se están hundiendo en la bolsa como consecuencia de los accidentes.

Ethiopian Airlines, mientras tanto, ha tomado una decisión sin precedentes: envió la caja negra del accidente a Francia y no a Estados Unidos como es habitual, lo que sugiere una desconfianza de la aerolínea en las autoridades de la FAA (los que inicialmente consideraron que el Boeing 737 MAX era seguro) para realizar la investigación.

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